Me resulta increíble cómo algunas personas se dan el derecho de hablar de mí como si me conocieran, aunque nunca hayamos tenido una conversación seria, cara a cara.
Todo lo que “saben” se basa en historias ajenas que aceptan como verdad.
Tantas versiones distorsionadas, tantas opiniones de otros que no tienen nada que ver con mi realidad, sino que nacen de la necesidad de llenar el silencio.
Si no me conocieron hasta ahora, tampoco hace falta que lo hagan.
Si decidieron “conocerme” a través de la boca de otros, que se queden con esa versión y bien lejos de mí.
Mi paz hoy es mi mayor valor.
Entendí que el silencio es mejor que cualquier palabra.
Quien habla solo por hablar nunca buscó la verdad, solo quiso alimentarse a sí mismo, aunque fuera con mentiras ajenas.
Dejé de tomar la subestimación como una ofensa.
Mi valor lo mido por mi propio crecimiento, no por las evaluaciones de otros.
Sé quién fui y quién soy hoy.
Hoy, la distancia es para mí una forma de respeto propio.
Me llevaron años entenderlo, pero aprender a defendernos es algo que hacemos toda la vida, ¿no?
Algunas personas sabían muy bien lo que hacían y lo que decían, y aun así no les importó lastimarme, ¿por qué debería importarme a mí?
¿Por qué querría la compañía de alguien que es cruel?
¿Que cree que puede manejarme, controlar mi vida o meterme miedo en los huesos?
¿Quién se cree que es esa persona?
Al único que temo es a Dios.
A ese Dios al que esas personas no temen, porque creen que son más grandes incluso que Él.
Si piensan que pueden engañar a todos con su falsa moral y su supuesta bondad, yo sé que a Dios nadie puede tomarlo por tonto.
Una cosa es el ser humano de carne y hueso, y otra muy distinta es Dios.
No tengo ni voy a demostrar mi valor a quienes lo miden desde sus propias limitaciones.
No le debo a nadie una versión de mí que encaje en sus historias.
A ellos no les debo nada, pero a mí misma me debo no tener más compasión con ese tipo de personas.
Sé que algunos nos dicen qué es “lo mejor” para nosotros, cuando en realidad miran qué es lo mejor para ellos y qué beneficio pueden sacar.
Se preocupan por los “cajones” de nuestra vida que creen desordenados, sin pensar que quizás nuestras vidas estén mucho más en orden que las suyas.
Por eso les escribo esto…
hagan lo que los haga felices.
Dejen la mesa llena solo para quienes los quieren de verdad.
Y si esa persona es una sola en el mundo, créanme, alcanza.
Cuiden su paz y vivan su vida de la manera que mejor les resulte.
Y no se preocupen.
Al final, siempre gana quien no le cuenta a nadie sus verdaderos planes.
Y quienes los lastimaron y les hicieron daño de cualquier forma ya están pagando su precio, aunque todavía no sean conscientes de ello.