No busques atención y toma la iniciativa

La inflación nos golpea cada vez más. Lo que antes compraba en el almacén después de la escuela costaba en total 8,09 kunas, y hoy lo mismo cuesta 18,01 kunas.
Los mayores dicen que antes era mejor porque uno sabía cuándo terminaba su horario laboral y dónde empezaba la vida privada.
Hoy tenemos “horarios flexibles”, que en la práctica significan disponibilidad constante.
También tenemos personas que trabajaron 40 o 50 años y hoy cobran una jubilación de 300 euros.
¿No es eso triste?
Casi toda una vida de trabajo para casi nada.
Esa persona no vive, sobrevive.
Esta situación no es solo triste, también es una advertencia para todos nosotros.
Cada generación carga con su propio peso.
Antes fueron las guerras y el trabajo físicamente duro; hoy son la inseguridad, la lucha constante por la subsistencia y la sensación de que nunca alcanza: ni el tiempo, ni el dinero, ni la estabilidad.
Aun así, hoy las posibilidades de cambio son mayores que nunca.
La gente puede buscar mejores condiciones, cambiar de carrera, aprender nuevas habilidades e incluso emprender un negocio propio a cualquier edad.
El problema aparece cuando el descontento se manifiesta como una búsqueda de atención en lugar de acciones concretas.
Muchos pasaron por acoso laboral y otras situaciones difíciles, pero renunciaron y encontraron mejores condiciones sin necesidad de exponerse en los medios.
Por otro lado, están quienes buscan validación en la televisión o en las redes sociales en vez de tomar el control de su propia vida.
Por ejemplo, hay quienes van a un programa diciendo que sus compañeros renunciaron por las malas condiciones, mientras ellos se quedaron y ahora lo cuentan en televisión.
Ese momento en el que algunas personas creen que son más fuertes que el sistema y que son irremplazables.
No lograron nada con eso.
Se quejaron públicamente, en frío, en lugar de renunciar y buscar un trabajo mejor.
Algunas personas realmente hacen todo por un poco de atención.
Por otro lado, existen personas como esa mujer de 70 años que durante cuatro días come el mismo pedazo de carne y pan.
Se las arregla como puede y no se queja en la televisión.
Una persona que trabajó toda su vida y aportó a la sociedad merece una vejez segura y digna, no una lucha constante por cubrir las necesidades básicas.
La clave está en ser conscientes de nuestros derechos y de nuestras posibilidades.
En lugar de buscar validación pública, es mejor actuar y construir una vida que brinde dignidad y seguridad.
El cambio es posible, pero hace falta tomar la iniciativa.